lunes, 31 de enero de 2011

TERAPIA DE JUEGO CENTRADA EN EL NIÑO

El juego da la oportunidad par el crecimiento físico, emocional, cognoscitivo y social, y con frecuencia es placentero, espontáneo y creativo.

El trabajo de juego se divide en las siguientes categorías:
 El juego espontáneo.
 El juego guiado.
 El juego de evaluación.
 El juego terapéutico: dirigido y de tiempo limitado.

La terapia de juego se ocupa de los sentimientos de los niños no solo de su conducta. Es una oportunidad que se da al niño para “jugar” sus sentimientos y problemas, como en ciertos tipos de terapia de adultos un individuo “habla” sus dificultades (Axline, 1969).

Los niños a los que se refiere la terapia de juego presentan problemas emocionales, conductuales o de ambos tipos. Pueden presentar acting out, dificultades para controlarlas, retraimiento, bajo rendimiento escolar, dificultades en el desarrollo, aunque no existan problemas físicos y médicos.

La TJCCL ofrece a los niños una relación única con un adulto objetivo que los acepta, y que no se encuentra involucrado en otros aspectos de la vida del niño. La sesión debe considerarse como el tiempo personal del niño, y no debe esperarse que los niños informe de los eventos que suceden en el cuarto de juego a ninguna persona, a menos que así lo deseen.
Es ideal un enfoque terapéutico relajado aunque informado, con una buena porción de intuición y sensibilidad.
Por definición, los terapeutas de juego pasan mucho de su tiempo profesional con niños profundamente perturbados y necesitan de flexibilidad para permanecer consientes, dar apoyo y facilitar las cosas sin inmiscuirse. El terapeuta acepta al niño tal cual y como es, no controla, conduce, dirige, respeta el proceder del niño. Trabaja con sentimientos espontáneos e interactúa con el sí lo solicita. No crítica ni cuestiona al niño. Debe verse como un facilitador y coexplorador que intenta seguir la guía del niño más que alterarlo y controlar el juego. El cambio de terapeuta de juego durante la terapia de un niño no se recomienda normalmente pero, si sucede se requiere de sensibilidad para introducir y manejar el cambio.

El niño controla en mayor medida la sesión y la terapia centrada en la persona. Puede hacer lo que quiera siempre y cuando respete el cuarto de juegos. A veces, una persona que cuida al niño que no cree en realidad que el niño requiera la terapia de juego o de cambio, “sabotea” la terapia e impide que el pequeño asista a las sesiones y, en casos graves, se puede prejuiciar al niño contra el terapeuta de juego.

En el caso de que la terapia de juego “fracase” debe intentarse terminar el trabajo de manera cuidadosa para que no se haga sentir mal al niño por el fracaso. El terapeuta debe esforzarse en asegurarle al niño que tiene interés en su bienestar y que desea evitar, darle al niño la impresión de que es su “culpa” el no haber tenido “éxito”.

A veces, los niños juegan solos, en ocasiones involucran al terapeuta y el niño proyecta sus necesidades a través del role plays (fantasía).

La palabra hablada no es necesaria durante la regresión y muchos niños espontáneamente vuelven a crear el estado de bebés o niños pequeños que en esta ocasión pueda volverse a experimentar de manera diferente.

Los niños en terapia de juego atraviesan de manera característica cuatro etapas, variando en ocasiones el orden de las primeras tres:

Etapa 1: Es una etapa de conducta profusa, difusa, dirigida de manera apropiada e inapropiada. El niño puede haber perdido el contacto con su propio si mismo real y la intranquilidad puede ser general, indiscriminada o estar desvinculada de la persona o ambas situaciones provocaron los problemas.

Etapa 2: Mientras mayor sea la confianza de los pequeños en el terapeuta de juego, y tengan mayor seguridad de que se les acepta y respeta en el cuarto de juego, serán más capaces de enfocar su enojo o temor en cosas o personas definidas, fuera de ellos mismos. Los niños también el valor de poner a prueba su enojo o temor en casa o en la escuela. En esta etapa los temores se dirigen hacia los objetos que causaron el problema en lugar de hacia figuras o situaciones sustitutas.

Etapa 3: En este momento llega la construcción de sentimientos positivos. A medida que los niños se convencen de que son valioso, “buenos” internamente y que se les acepta, ya no son tan negativos todo el tiempo en la expresión de sentimientos, esta es una etapa de ambivalencia aguda. Los niños aman y odian al mismo objeto, lo cual quizás sea doloroso e incomprensible para el niño y el objeto, si éste es una persona.

Etapa 4: Surgen sentimientos más positivos y realistas. En esta etapa, el niño se adapta a la realidad y ve a las otras personas como son.

Existen cuatro pautas principales para la evaluación:

1. La comprensión del terapeuta de juego acerca del progreso del niño a través de etapas terapéuticas y la naturaleza de la relación del niño con el terapeuta.
2. El análisis del terapeuta de juego acerca del proceso y contenido de las sesiones de juego, en particular la resolución, o lo contrario, de los principales temas de juego.
3. La energía que pone el niño en las sesiones y, si es lo suficientemente grande, la evaluación acerca de cómo esta progresando su vida.
4. Las percepciones del progreso del niño por parte de quién hizo la referencia y por las personas como custodios y maestros.

La evaluación del trabajo es precursor inevitable de la terminación y, vez que se toma la decisión, tiene que considerarse la manera más apropiada de terminar el trabajo. Durante la fase final, el terapeuta de juego se vuelve una “persona real” en lugar de la siempre aceptable figura terapéutica. En la última sesión, unos cuantos niños proporcionan una reseña del trabajo como un todo, en recuerdos caleidoscópicos. La mayoría de los niños piden una fiesta en su última sesión.


Referencia:
West, J. (1994) Terapia de Juego Centrada en el Niño (1ra.Ed.) Manual Moderno: México.

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